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10 falsos mitos sobre el autismo infantil

El Trastorno del espectro del autismo (TEA) o autismo, afecta principalmente a la capacidad de las personas para relacionarse y comunicarse con las demás. Aunque sus signos son conocidos desde hace más de un siglo, se sabe muy poco sobre este trastorno, a pesar de las múltiples investigaciones.

Existe mucho desconocimiento y un gran número de falsas creencias acerca del autismo.  Desterrar falsos mitos nos ayudará a comprender mejor el TEA y a ser capaces de valorar las aptitudes de las personas que lo sufren, más allá de sus dificultades para comunicarse o seguir patrones sociales establecidos. A continuación te contamos algunos de ellos, los más habituales, aunque no los únicos.

Mitos sobre las causas del autismo

 El autismo es un problema psicológico. No se trata de una enfermedad de tipo psicológico; no se puede curar o aliviar con terapia. Es un trastorno del desarrollo que afecta a la comunicación, que comienza ya en el embarazo y que es para toda la vida.

El autismo es provocado por problemas familiares. Este mito es muy doloroso ya que vuelca toda la responsabilidad directamente en las personas que más sufren con la incomunicación de sus pequeños, aumentando su sufrimiento.

Ni un mal ambiente familiar, ni una madre distante, ni la ausencia de un progenitor ni ningún otro problema de este estilo causan autismo.

Las vacunas causan autismo. A finales del siglo XX un médico británico realizó unos estudios fraudulentos concluyendo que la vacuna de la triple vírica provocaba autismo. En años posteriores se demostró repetidamente que esto no era cierto pero, desgraciadamente, creó un mito que no se ha conseguido desterrar del todo a día de hoy.

Mitos sobre cómo se manifiesta el autismo

 El autismo es igual en todas las personas. Las formas en que se manifiesta el autismo varían en cada caso. Por eso se habla del Trastorno del espectro autista, porque abarca problemáticas variadas que se pueden presentar con distinta intensidad.

Las personas con autismo no se comunican. Como comentábamos en el mito anterior, cada caso varía. Si bien es cierto que suele ser común la dificultad para la comunicación y la interacción social, las personas con autismo pueden desarrollar la capacidad del habla, aunque no siempre logren comunicarse de manera satisfactoria.

Pero incluso en los casos más complicados, las personas con TEA encuentran otras maneras de comunicarse. Sonidos, gestos o el lenguaje corporal son maneras de expresar sentimientos y deseos, aunque nos resulte complicado descifrarlos.

Los niños que padecen autismo son agresivos, no muestran afecto y no les gusta el contacto físico. Lo cierto es que, salvo casos muy graves, los menores que padecen autismo sienten como el resto de niños, aunque su dificultad para comunicarlo puede hacer parecer lo contrario.

Una característica habitual del TEA es la facilidad para el enfado y las actitudes retadoras, animando este mito de la actitud agresiva. Esto es debido a la baja tolerancia a la frustración propia de este trastorno, que se puede canalizar y reconducir con trabajo y las técnicas oportunas.

Los niños con autismo son superdotados / sufren una discapacidad intelectual. Ninguna de las dos cosas es cierta. En algunos casos sufren algún tipo de discapacidad, en otros pocos casos tienen alguna capacidad extraordinaria y en la mayoría de los casos hay una capacidad de aprendizaje no exenta de dificultades y obstáculos de distinta intensidad.

Mitos sobre el tratamiento del autismo

Los niños con autismo necesitan acudir a centros especiales. Actualmente menores con TEA acuden a centros escolares normales, donde conviven con otros niños y niñas de su edad, salvo casos de gran dificultad. Los servicios de apoyo disponibles varían según el lugar de residencia.

El autismo se cura. Este mito es peligroso porque es el caldo de cultivo para estafadores que se aprovechan del deseo de las familias por encontrar una solución para los problemas de sus  hijos e hijas.

 Desgraciadamente no se conocen las causas del autismo ni su posible cura. Lo único demostrado es que una detección temprana y una terapia adecuada pueden ayudar a mejorar la calidad de vida de las personas afectadas y de sus familias.

Un niño con autismo no mejora. Si bien es cierto que su avance es muy laborioso y puede ser más lento de lo habitual, con las técnicas adecuadas y la detección temprana se pueden conseguir avances en la comunicación, la canalización de emociones, el aprendizaje y la autonomía.

 Lejos de ser personas aisladas, los niños que sufren TEA tienen una manera distinta de percibir la realidad que les distingue del resto. Cada caso es único, lo que nos empuja a prestarles atención de una manera individualizada y esforzarnos por comprender sus códigos de comunicación y acercarles a los nuestros para intentar llenarlo todo de sentido.