La atención en el desarrollo infantil es un proceso que madura poco a poco y que va de la mano de la curiosidad y la capacidad de regular la propia conducta.
Un bebé que sigue con la mirada el rostro de alguien que conoce. Una niña que se concentra en introducir objetos dentro de una caja. Un niño que escucha un cuento y adivina lo que pasará después. Son escenas de cada día que muestran cómo la capacidad de prestar atención evoluciona durante la infancia.
Entender cómo cambia esta habilidad te ayuda a reconocer los avances de tu peque, a detectar posibles dificultades y a ofrecerle experiencias que se ajusten a cada momento de su desarrollo.
Cómo se desarrolla la atención durante la infancia
La atención forma parte de las denominadas funciones ejecutivas, un conjunto de procesos mentales que permiten regular de manera consciente nuestros pensamientos, emociones y acciones. Gracias a ellas, por ejemplo, frenamos un impulso o seguimos los pasos de una tarea.
Entre ellas se encuentra la capacidad de centrar la atención en una actividad y mantenerla durante un tiempo determinado. Su desarrollo está ligado a la maduración cerebral y continúa a lo largo de la infancia y la adolescencia, así que la atención y el autocontrol de un peque no se parecen a los de una persona adulta.
En los primeros años, el aprendizaje llega sobre todo a través de los sentidos y la interacción con el entorno. La curiosidad lleva a tocar y probar qué ocurre al hacer algo, y la atención es la que dirige el interés hacia lo que se está descubriendo.
Cómo evoluciona la atención por etapas
La atención cambia a medida que se desarrollan otras capacidades, sobre todo la comunicación, el lenguaje y la autorregulación. Cada etapa trae posibilidades nuevas, aunque los ritmos de maduración son individuales y las experiencias y el entorno también influyen.
Hasta los 2 años: descubrir y compartir
Desde los primeros meses, los bebés muestran un interés creciente por las personas y los objetos que los rodean. Al principio, buena parte de su atención se dirige hacia los rostros humanos, especialmente los ojos y la boca. La voz de las personas cercanas también despierta su interés y favorece los primeros intercambios comunicativos.
Poco a poco aparece la atención conjunta, que permite compartir con otra persona el interés por un mismo objeto o acontecimiento. Ocurre, por ejemplo, cuando una bebé señala algo que le llama la atención y busca la mirada de la persona adulta para compartir ese descubrimiento. Estos momentos son especialmente importantes durante el primer año de vida, ya que acompañan el desarrollo de la comunicación y el lenguaje.
Entre los 12 y los 24 meses aumenta la actividad comunicativa. Niñas y niños muestran mayor iniciativa para reclamar la atención de personas adultas, participan en juegos y comienzan a utilizar gestos y palabras para expresar sus intereses.
De los 3 a los 4 años: participar y seguir el hilo
En esta etapa, el lenguaje experimenta un importante desarrollo y permite participar en intercambios comunicativos cada vez más elaborados. Los txikis comienzan a mantener conversaciones, entienden el cambio de turnos y participan en juegos compartidos. También comprenden mejor las instrucciones con varias acciones y pueden seguir pequeñas secuencias dentro de una actividad.
El juego simbólico cobra protagonismo. Imaginar que un objeto representa otro, interpretar personajes o reproducir situaciones conocidas, como cocinar o cuidar de un muñeco, ayuda a sostener la atención en experiencias que les interesan.
Entre los 4 y los 6 años: mantener la atención durante más tiempo
Los tiempos de atención sostenida aumentan poco a poco. Cada vez es más fácil disfrutar de un cuento más largo o de un juego de mesa sencillo sin perder el hilo.
El lenguaje ya permite seguir explicaciones más elaboradas, contar lo que ha pasado e imaginar lo que podría ocurrir. Los intereses se diversifican y las preguntas se dirigen cada vez más a conocer el mundo, lo que abre la puerta a observar y a participar en actividades que exigen recordar información y organizar pequeñas tareas.
Qué señales conviene observar en el desarrollo de la atención
Fijarte en cómo participa tu txiki en sus actividades de cada día es una buena forma de conocer su desarrollo. Una conducta aislada no permite sacar conclusiones; conviene darle una mirada más atenta si se mantiene en el tiempo y dificulta su participación en el día a día. Por ejemplo:
- Le cuesta centrarse en un juego o actividad adecuados para su momento de desarrollo.
- Participa poco en las propuestas compartidas (aunque se ajusten a sus capacidades) y responde poco cuando le invitas a interactuar.
- Muestra poca iniciativa para llamar tu atención o compartir lo que le interesa, algo que se observa sobre todo en los primeros años y tiene que ver con la atención conjunta.
Estos comportamientos pueden estar relacionados con distintos aspectos del desarrollo, como la comunicación o la interacción con los demás, y por eso no conviene mirarlos de forma aislada. Ayuda a fijarse en lo que ocurre alrededor: ¿la actividad le interesa? ¿Las instrucciones son fáciles de entender? ¿Hay demasiados estímulos en el entorno? ¿Le pasa en distintas situaciones?
Entender en qué circunstancias aparece una conducta y cómo afecta a su día a día es lo que permite saber si conviene consultar con un profesional.
Cómo favorecer la atención en el desarrollo infantil
El día a día ofrece numerosas oportunidades para acompañar el desarrollo de la atención. El juego y las conversaciones o actividades compartidas permiten trabajar esta capacidad de una forma natural.
Partir de sus intereses
Fíjate en qué despierta su curiosidad. Cuando una actividad conecta con sus intereses, resulta más sencillo favorecer la participación y mantener la atención.
Acércate, muestra interés por lo que está haciendo y acompaña el juego con comentarios o propuestas que encajen con sus capacidades. Si respetas su iniciativa, seguirá explorando y descubriendo a su ritmo.
Proponer actividades adaptadas a su desarrollo
Las tareas necesitan ajustarse a las capacidades de cada momento. Una propuesta demasiado difícil genera frustración, mientras que una que le permita experimentar pequeños logros favorece su participación.
Divide la tarea en pasos sencillos y ofrece la ayuda que necesite, por ejemplo, colocando juntas las primeras piezas de un puzle. Así le resultará más fácil centrarse en lo que está haciendo y, cuando gane autonomía, podrás ir retirando los apoyos poco a poco.
Cuidar el entorno y respetar los descansos
El exceso de estímulos puede dificultar la concentración y saturar. Procura tener momentos tranquilos, reduce las distracciones durante las actividades (por ejemplo, apaga la televisión mientras jugáis) y respeta los descansos.
La repetición de juegos conocidos también tiene valor dentro del aprendizaje infantil. Volver a realizar una actividad permite afianzar experiencias y anticipar lo que sucederá. Y no olvides dejar espacio para el juego libre y la exploración espontánea.
Acompañar con un lenguaje claro
La forma de comunicarse de las personas adultas también influye en la participación. Habla con calma y acompaña tus palabras con gestos; así le resultará más fácil seguir la propuesta.
Si le cuesta prestar atención, prueba a simplificar lo que dices, a ponerte frente a frente y a darle tiempo para responder.
Acompañar la atención también es respetar el desarrollo
La atención evoluciona a lo largo de la infancia y su desarrollo está relacionado con otras habilidades que también se encuentran en proceso de maduración. Por eso, cuando aparecen dificultades, conviene observarlas con perspectiva. Cada avance forma parte de un proceso que necesita tiempo y experiencias adecuadas. Fijarte en sus intereses, respetar sus ritmos y ofrecerle un entorno seguro es una forma de acompañar ese recorrido desde el día a día.
En Centro FID acompañamos a las familias a entender el desarrollo infantil y a identificar las necesidades que pueden aparecer durante cada etapa. Si tienes dudas sobre el desarrollo de tu hijo o hija, puedes ponerte en contacto con nuestro equipo y recibir orientación profesional.

