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Los beneficios de contar cuentos en la infancia

Contar cuentos puede parecer un gesto sencillo dentro de la rutina familiar, pero durante esos minutos están sucediendo muchas cosas. Mientras escuchan, niñas y niños prestan atención a una voz conocida, descubren palabras, imaginan aquello que se les está contando y relacionan la historia con sus propias experiencias. Al mismo tiempo, comparten un momento de cercanía con una persona importante en su vida.

Las historias ofrecen oportunidades para favorecer el lenguaje, la atención, la imaginación y otros procesos relacionados con el aprendizaje. También crean un espacio compartido en el que expresar emociones y reforzar el vínculo afectivo.

Contar cuentos es más que contar una historia

Cuando contamos un cuento ponemos en marcha diferentes procesos emocionales y mentales. Escuchar requiere prestar atención, seguir el hilo de la historia y respetar la voz y la palabra de quien narra. Las palabras permiten descubrir nuevos significados y construir imágenes mentales sobre aquello que está sucediendo. La historia también invita a recordar información, establecer relaciones entre acontecimientos y conectar lo escuchado con experiencias conocidas.

Los cuentos pueden favorecer así el desarrollo del lenguaje, la memoria y el razonamiento lógico. A través de las situaciones que viven los personajes también permiten acercarse a otros puntos de vista y comenzar a comprender qué pueden pensar o sentir otras personas.

Todo esto sucede dentro de una experiencia que tiene un componente especialmente importante durante la infancia, el placer de compartir ese momento con alguien cercano.

Un momento compartido que fortalece el vínculo

La cercanía física, la voz, las miradas y la atención conjunta crean un contexto cálido y seguro. Durante ese tiempo, la persona adulta está presente y disponible, mientras el niño o la niña escucha o participa en la historia.

Contar cuentos ofrece un tiempo de calma y atención conjunta en el que se refuerza el vínculo afectivo. La participación puede crecer además a medida que avanza el desarrollo. Primero se comparte una mirada o se señala una imagen; más adelante aparecen preguntas y pequeñas aportaciones a la narración.

Esta experiencia encaja con algo que atraviesa el desarrollo durante toda la infancia. La seguridad y la confianza favorecen la curiosidad y la apertura hacia nuevos aprendizajes.

Las palabras empiezan a cobrar sentido

Durante los primeros meses, la voz de quien narra guía la atención hacia imágenes y objetos. Señalar y nombrar permite que el bebé vaya asociando aquello que observa con las palabras que escucha. Poco a poco comienza también a señalar y a buscar la mirada adulta esperando que alguien ponga nombre a aquello que ha llamado su atención.

Las historias se hacen progresivamente más complejas a medida que avanza el desarrollo. Las primeras palabras y frases sencillas dejan paso a relatos con secuencias temporales, relaciones entre causas y consecuencias, descripciones y diferentes tiempos verbales.

El cuento permite que todo ese lenguaje aparezca dentro de una situación con significado. Las palabras forman parte de personajes y acontecimientos que despiertan interés y ayudan a comprender para qué sirven las palabras.

También hay espacio para conversar. Preguntar quién aparece en la historia, qué está haciendo un personaje, dónde se encuentra o cómo puede sentirse abre nuevas oportunidades para comprender y utilizar el lenguaje.

Escuchar también entrena la atención

Para seguir una historia hace falta escuchar y mantener el interés en aquello que está sucediendo. Durante los primeros meses empieza a desarrollarse la atención compartida. Aprende a mirar y observar guiado por la voz y la cercanía de la persona adulta, compartiendo con ella un mismo foco de interés.

Con el desarrollo, esa capacidad de atención evoluciona. Las historias pueden hacerse algo más largas y aparecen nuevas posibilidades de participación. Niñas y niños empiezan a anticipar qué ocurrirá, responden a preguntas o intervienen en determinados momentos del relato.

El propio interés por la historia ayuda a mantener la escucha. La curiosidad y la emoción tienen un papel importante en los aprendizajes infantiles, y un cuento que conecta con los intereses y experiencias de quien escucha facilita esa implicación.

El momento elegido también influye. Compartir el cuento en un espacio tranquilo, con pocas distracciones y sin prisas, concentra la atención en la historia y permite disfrutar de ese tiempo compartido.

Imaginar aquello que todavía no podemos ver

Una historia escuchada invita a crear. Las palabras van construyendo personajes, lugares y situaciones que se forman en la mente. Contar cuentos favorece la creación de imágenes mentales cada vez más ricas y variadas.

Esta capacidad adquiere nuevas posibilidades conforme avanza el desarrollo. Entre los tres y cuatro años, el denominado pensamiento mágico hace especialmente atractivas las historias en las que fantasía y realidad se mezclan. Más adelante, las aventuras y las tramas dinámicas permiten ampliar ese universo imaginado.

La narración también puede convertirse en un punto de partida para crear algo nuevo. Inventar otro final, introducir un personaje diferente o imaginar qué habría ocurrido si alguien toma otra decisión… Convierte una historia conocida y explora otras posibilidades.

El contacto con los cuentos ayuda además a encontrarse con el placer de la lectura. La motivación comienza vinculada al placer de imaginar y compartir historias.

Historias para comprender experiencias y emociones

A medida que niñas y niños desarrollan la capacidad de ponerse en el lugar de otras personas, pueden vivir las historias con una mayor intensidad emocional. Los personajes se convierten entonces en una oportunidad para aproximarse a experiencias que reconocen y también a otras que todavía les resultan desconocidas. Los cuentos permiten acercarse a situaciones y emociones desde un lugar seguro.

Identificarse con un personaje puede ayudar a reinterpretar vivencias propias. Observar cómo afronta una dificultad muestra posibles alternativas y pensar en otras formas de responder ante situaciones parecidas.

La historia ofrece además cierta distancia. Las emociones aparecen dentro de un relato y pueden experimentarse sabiendo que aquello está sucediendo en el cuento. Desde esa seguridad, es posible acercarse a diferentes estados emocionales y ampliar progresivamente la capacidad para comprenderlos.

El lenguaje vuelve a desempeñar aquí un papel importante. Hablar sobre qué piensa o siente un personaje, imaginar por qué ha actuado de determinada manera o plantear qué podría hacer después ayuda a poner palabras a ese mundo emocional.

“Otra vez”: por qué quieren escuchar siempre el mismo cuento

Quienes comparten cuentos con niñas y niños pequeños conocen bien esa petición. Cuando termina una historia que les gusta, muchas veces quieren volver a escucharla. Y quieren que suceda exactamente igual.

Esa repetición tiene sentido dentro de su desarrollo. Conocer la historia les permite anticipar qué va a ocurrir y experimentar la seguridad de dominar algo que antes era nuevo. Saben quién aparecerá, recuerdan determinadas palabras y esperan ese momento concreto que tanto les gusta.

La repetición refuerza la autoconfianza y la capacidad de anticipación. También ayuda a mantener de forma estable las representaciones mentales construidas y refuerza la memoria auditivo-verbal, consolidando palabras conocidas y su asociación con los significados correspondientes.

Por eso, cuando piden el mismo cuento una noche más, la experiencia sigue teniendo valor aunque para la persona adulta la historia haya dejado de ser una novedad.

Cuando el cuento forma parte del día a día

Aunque sea parte de tu cotidianidad, pueden surgir pequeñas dudas. La repetición de una historia, la participación durante el relato o la manera de utilizar el libro pueden interpretarse de forma diferente según el momento del desarrollo. Comprender qué hay detrás de estas conductas ayuda a disfrutar del cuento con mayor naturalidad.

¿Contar un cuento y leerlo es lo mismo?

Durante los primeros meses cobra especial importancia contar. La voz, las repeticiones, las rimas, las onomatopeyas y las expresiones ayudan a mantener la interacción. El libro puede servir como apoyo mientras la persona adulta señala, nombra y adapta la historia al momento evolutivo.

¿Conviene hacer preguntas mientras contamos?

A medida que avanza el desarrollo, las preguntas pueden favorecer una participación más activa. Podemos interesarnos por quién aparece, qué hace, qué puede estar pensando o sintiendo y qué podría ocurrir después. También es posible imaginar alternativas o crear nuevos finales.

¿Cuál es el mejor momento para contar cuentos?

Los momentos de calma facilitan la atención y permiten disfrutar de la experiencia. Una rutina diaria, con pocas distracciones y tiempo suficiente para compartir la historia sin prisas, ayuda a convertir el cuento en un espacio de encuentro.

El valor de un cuento va más allá de la propia historia. En pocos minutos, contar un cuento reúne desarrollo del lenguaje, imaginación, aprendizaje y personajes que acercan a otras experiencias y emociones. Y, sobre todo, reúne a dos personas compartiendo atención, tiempo y cercanía.


En Centro FID acompañamos a las familias para comprender mejor las necesidades que aparecen en las distintas etapas del desarrollo infantil y encontrar formas de favorecerlas desde tu día a día.